Buenos días, estás contratado, limpia la mesa por favor

Una de las cosas que uno tiene que admitir después de un año viviendo en Estados Unidos es que la dimensión y el alcance del ‘fenómeno’ del español en este país son algo un poco más complejo de lo que nos suelen dar a entender los medios de comunicación. Frente al análisis triunfalista que se hace desde España por parte de organismos como el Instituto Cervantes (“el español es la lengua más estudiada en EEUU”, “la comunidad hispana de EEUU es la 14ª potencia mundial por orden de compra”, “el PIB del español en EEUU está en 4,5 billones”, etc.), la realidad aquí hace bien palpables otros indicadores menos amables, como el índice de pobreza de la comunidad hispana (25,6%), el de hispanos que carecen de seguro médico (29,1%) o el de los que no tienen formación universitaria (86,2%), por citar solo tres datos procedentes de la Oficina del Censo de EEUU.

Para desmitificar esa admirable “carrera” del español en Estados Unidos, nada mejor que preguntarse cuál es el perfil de los que estudian español en este país, cómo lo aprenden y, sobre todo, para qué lo hacen. En un artículo muy interesante titulado El mito del español en Estados Unidos, el profesor César García afirma que la mayoría de los estudiantes universitarios (y sus profesores) estadounidenses entienden enseñar y aprender español simplemente como un “deber cívico” hacia los inmigrantes hispanos. “Deber cívico”. No sé si esa alusión al civismo podría servir para explicar la utilización mercadotécnica del español, el electoralismo de los mensajes políticos en español u otros tantos usos igual de prosaicos de nuestro idioma, pero la expresión me parece acertada en el sentido de que no contempla, por parte de quienes aquí se ven “obligados” a aprender el español, un interés sincero por nuestra lengua y nuestra cultura.

Una buena muestra de ese “deber cívico” o, dicho de otra forma, de esa falta de conexión emocional o sentimental con el mundo hispano son los innumerables mensajes traducidos automáticamente al español con los que nos obsequia un simple paseo por la ciudad de Minneapolis. Uno de mis preferidos es este, en el que se nos informa de que en “la clinica del medico” hay “nuevos pacientes disponibles” y, aunque sea difícil de creer, incluso “intérpretes espanoles”:


Claro que, para ejemplo de traducción desganada, ahí va este cartel de una tienda telefónica, entre cuyos reclamos en español figuran algunos como “Línea de aire”, “Dinero de alambre” o “Compra venta teléfono uso”. El colmo del traductor de Google:

Pero la imagen que encabeza este artículo es quizá la más reveladora: “1. Buenos días. 2. ¡Estás contratado! 3. Limpia la mesa por favor”. Es el mensaje que figura en la portada del diccionario de bolsillo “English to Spanish” que se distribuye en algunos cursillos de orientación para hosteleros en Estados Unidos y que llegó a mis manos por casualidad. En fin, tanto festejar el triunfo del español en el país de las oportunidades, y resulta que todo lo que hemos conseguido es que el dueño de la franquicia de turno sea capaz de chapurrearlo para dar órdenes en la tercera frase. Pues para ese viaje…

(Por cierto, por primera vez desde que hay estadísticas ha descendido el número de estudiantes estadounidenses matriculados en cursos de español. A ver qué dice el Instituto Cervantes sobre eso en su próximo anuario.)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *